¿Y si revisamos nuestros miedos?

 

Todos sabemos a que nos referimos cuando hablamos de miedos, para cada uno tendrá un significado o más bien varios, ya que la mayoría de nosotros poseemos más de uno.

Si algo hay variado en este planeta, eso son los miedos, de diferentes tipos, intensidades, importancia. Si algo hay que nos invita a salir corriendo física o mentalmente al instante a cada uno de nosotros, eso también son los miedos.

Cuando sentimos ese escalofrío que nos recorre el cuerpo, la primera reacción del ser humano es la huida, a pesar de que no la realicemos en la mayoría de las ocasiones. Profundizando la intensidad que podemos sentir a causa de ellos, creo que los más difíciles de asimilar y aceptar son los miedos en cuanto a sentimientos. Me refiero con esto que es fácil explicar que tienes miedo a una serpiente y casi todo el mundo de tu alrededor te comprenderá si lo expresas y lo asimilaran como algo normal, es más, seguramente alguien apoyara tu miedo expresando que él también lo siente así.

Pero ¿qué ocurre cuando el miedo es referente a sentimientos?, es decir, cuando sentimos esos miedos al relacionarnos con otras personas en el ámbito del amor.

¿Qué ocurre cuando nuestro miedo por ejemplo es perder a la pareja?, ¿Qué sea infiel?, ¿cuándo sientes miedo de ir más allá en una relación?, ¿cuándo tienes miedo a no gustarle a alguien o que esa persona no sienta como tú?, estas y otras tantas situaciones que seguro que ya están rondando por nuestra cabecilla.

¿Qué solemos hacer con esos miedos?.

Intuyo varias respuestas:

Le doy vueltas y vueltas y vueltas en mi cabeza, siento ese miedo, me siento mal, esto me resta felicidad en algunos momentos de mi día a día…pero yo sigo guardándolo solo para mí, porque así creo que soy más fuerte, no expresándolo.

Otra respuesta podría ser, como me siento tan mal cuando esto viene a mi cabeza, lo tapo intentando hacer cosas y más cosas, siempre que este activo, no pienso en eso y así me alivio, creyendo así que ese miedo desaparecerá con el tiempo.

Añado otra posible respuesta, que quizá es la más utilizada: vuelco este miedo en mi pareja, enfadándome sin motivos, desconfiando sin sentido, no explico nada, pero estoy tenso/a con él o ella (el cual seguramente no tiene ni idea de lo que ocurre en tu interior), pero tu ahí, sin comentar nada, así soy más fuerte.

Pues bien; excusas, laberintos emocionales que nos creamos para no mirar a la cara a nuestros miedos, el problema solamente es que hasta que no los resolvamos van a estar ahí, y seguramente cada vez serán más y más repetitivos hasta que no les prestemos la atención adecuada.

Lo primero para mi es verlo, saber que es, como se llama ese miedo, darle un nombre, el que realmente es. A continuación, solo hay un camino: aceptarlo, ser capaz de aceptar que tú como todos los seres humanos del planeta posees miedos y que el tuyo se llama así, como tú le quieras poner,  ya que te pertenece. Solo a partir de aquí podrás comenzar a minimizarlo y trabajar con él para conseguir que, en un tiempo, seguramente mucho antes de lo que crees, por fin desaparezca y ese miedo se haya transformado en una fortaleza.

Sera todo un éxito cuando consigamos  dar a cada miedo la importancia que tiene, para mi todos la poseen, pero de forma positiva, es decir no agrandando ese sentimiento, simplemente reconociéndolo e intentar transformarlo en algo positivo, si uno no puede solo, una de las mejores opciones para mi es compartirlo sobre todo con esa persona que te acompaña en esto del amor, así consigues una unión, una comprensión y un apoyo, esto te da una sensación de paz sabiendo que no es algo malo sino algo que te hace sentir mal en un momento dado, pero que si profundizas y lo reenfocas, el único final posible es positivo, porque vas a crecer interiormente muchísimo y la unión con el otro va a afianzarse de una forma que no hubieras imaginado antes.

Así pues, según mi manera de ver la vida, los miedos no llegan para quedarse, ni quieren ser tapados, ocultados, vienen a nosotros para que seamos capaces de crecer a través de ellos, expresándolos, comprendiendo porque, para que están, y siendo capaces de transitarlos sin que nos tiemble el pulso.

Entonces, que elegimos:

¿Revisamos nuestros miedos o seguimos ocultando que los tenemos?

Mil besos.

Laurafornas

LoveCoach

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